Entrenar más no es entrenar mejor: diseñar, observar y evaluar la sesión. Guillermo Novella

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En el entrenamiento de baloncesto, existe una tendencia frecuente a valorar la calidad de una sesión a partir de indicadores visibles como la intensidad, el volumen de trabajo o el número de tareas realizadas. Sin embargo, la realidad del aprendizaje en los deportes de invasión es mucho más compleja. Evaluar si una sesión ha sido realmente eficiente exige comprender cómo interactúan el diseño de las tareas, la carga que emerge durante la práctica y los comportamientos táctico-técnicos que desarrollan los jugadores. Desde esta perspectiva, entrenar no consiste únicamente en acumular actividad, sino en crear entornos capaces de generar aprendizajes significativos y transferibles al juego.

En este artículo, Guillermo Novella profundiza en una cuestión fundamental para cualquier entrenador: cómo valorar la eficiencia real de una sesión de entrenamiento. A través de una visión apoyada en la teoría de sistemas complejos y en la investigación contemporánea sobre entrenamiento deportivo, el autor explica el concepto de carga emergente, analiza la importancia de la carga cognitiva e informacional y presenta la evaluación contextualizada como una herramienta imprescindible para interpretar el rendimiento más allá de los resultados observables. Además, desarrolla el concepto de coherencia sistémica como eje vertebrador de una planificación eficaz, conectando de forma directa diseño, incertidumbre, toma de decisiones y aprendizaje.

El trabajo invita a superar modelos de análisis centrados exclusivamente en parámetros físicos y propone una mirada más profunda sobre el comportamiento del jugador dentro del juego. La sesión pasa a entenderse como un sistema dinámico en el que cada restricción, cada norma y cada interacción modifican la respuesta de los deportistas. Desde la Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana, agradecemos a Guillermo Novella su aportación, el rigor científico de sus planteamientos y su capacidad para trasladar conceptos complejos a la práctica cotidiana del entrenador. Sin duda, este artículo constituye una valiosa referencia para todos aquellos profesionales interesados en diseñar, observar y evaluar el entrenamiento desde una perspectiva moderna, contextualizada y orientada al aprendizaje real del jugador.

 

  1. INTRODUCCIÓN: cuando la sesión termina, comienza el análisis

En los dos artículos anteriores se ha abordado la sesión de entrenamiento en baloncesto desde una perspectiva sistémica. Primero, se analizó la entropía como mecanismo de regulación de la incertidumbre y su impacto en la toma de decisiones. Posteriormente, se profundizó en la secuenciación intra-sesión como arquitectura interna que modula progresivamente el estado del sistema.

Sin embargo, toda propuesta metodológica necesita un criterio de validación. Si diseñar implica regular la incertidumbre y secuenciar implica gestionar la evolución del sistema, surge una pregunta inevitable: ¿cómo sabemos si la sesión ha sido realmente eficiente?

Tradicionalmente, la respuesta se buscaba en indicadores cuantitativos aislados: duración, intensidad percibida o volumen de tareas completadas. No obstante, la evolución científica del entrenamiento en deportes de invasión exige un marco más complejo. Evaluar una sesión eficiente implica analizar la coherencia entre diseño, carga emergente y comportamiento táctico-técnico observado.

Este artículo aborda esa dimensión final: cómo interpretar la eficiencia real de la sesión desde una perspectiva integrada.

 

  1. DE LA CARGA PRESCRITA A LA CARGA EMERGENTE

Durante décadas, la teoría del entrenamiento distinguió claramente entre planificación de cargas y ejecución de tareas. El modelo clásico entendía la carga como un estímulo que el entrenador aplicaba al deportista, medido principalmente por volumen e intensidad (Matveev, 1981; Bompa & Buzzichelli, 2019).

La diferenciación posterior entre carga externa e interna (Impellizzeri et al., 2019) supuso un avance metodológico significativo. La carga externa hacía referencia al trabajo realizado; la interna, a la respuesta fisiológica y perceptiva del jugador. Sin embargo, esta distinción seguía presuponiendo que la carga era algo que podía aislarse del contexto donde se generaba.

Las investigaciones más recientes en deportes de equipo, incluyendo baloncesto, han mostrado que la carga no puede comprenderse sin analizar la organización estructural de la sesión. Estudios que combinan monitorización inercial, análisis de tareas y observación táctica demuestran que pequeñas variaciones en el diseño modifican simultáneamente la exigencia fisiológica y la densidad decisional (Fox et al., 2024; Gómez-Carmona et al., 2025).

Esto refuerza una idea clave: la carga no se impone, emerge del sistema.

 

Ejemplo en contexto formativo: misma tarea, distinta carga emergente

Un ejemplo claro puede observarse en una tarea de 4c4 en medio campo orientada a mejorar la circulación del balón y la ocupación de espacios. Si el entrenador permite juego libre, con posesiones largas y sin normas específicas, la tarea puede generar una carga física moderada y una toma de decisiones relativamente abierta. Sin embargo, si introduce la norma de finalizar antes de ocho segundos tras recuperar el balón, la misma estructura de 4c4 cambia por completo: aumenta la velocidad de las acciones, se incrementan las aceleraciones, aparecen decisiones más rápidas y se reduce el tiempo disponible para percibir.

La tarea sigue siendo aparentemente la misma, pero la carga emergente es distinta. No ha cambiado el contenido general, sino las condiciones que regulan el comportamiento. Esto muestra que la carga no depende únicamente del ejercicio elegido, sino de cómo se diseña el entorno de práctica.

 

Ejemplo en contexto formativo: cuando la carga emerge del diseño

Imaginemos una sesión cuyo objetivo es mejorar la toma de decisiones en situaciones de penetración tras recepción en ventaja.

En un primer diseño, se propone una situación de 3c3 en medio campo, con espacio reducido y limitación temporal para finalizar. La oposición es activa y la estructura trabajo-pausa es breve y continua. En este contexto, la carga externa se incrementa de manera significativa: mayor número de aceleraciones, cambios de dirección y contactos. Paralelamente, la carga cognitiva aumenta debido a la presión temporal y a la densidad de interacciones.

En un segundo diseño, se mantiene el mismo objetivo táctico-técnico —lectura de la ventaja tras recepción— pero se amplía el espacio relativo por jugador y se estructura la tarea con pausas más amplias entre repeticiones. La densidad de acciones disminuye, la exigencia fisiológica es menor y el tiempo disponible para procesar información aumenta.

El contenido nominal de la sesión es el mismo. Sin embargo, la carga emergente es distinta en cada caso. No porque el entrenador haya “añadido intensidad”, sino porque el diseño del entorno ha modificado simultáneamente la exigencia física y la densidad decisional.

Este ejemplo ilustra que la carga no es un elemento añadido desde fuera, sino una consecuencia directa de cómo se configuran espacio, interacción y estructura temporal. Evaluar la eficiencia exige interpretar si esa carga emergente fue coherente con el objetivo formativo planteado.

Desde esta perspectiva, evaluar la eficiencia no significa comprobar si se alcanzó una determinada intensidad, sino analizar si la carga emergente fue coherente con el objetivo táctico-técnico de la sesión.

 

  1. LA CARGA COMO FENÓMENO INFORMACIONAL Y NO SOLO FISIOLÓGICO

Un error habitual en el análisis de sesiones es limitar la interpretación de la carga a parámetros físicos. Sin embargo, en deportes de invasión la exigencia cognitiva y decisional forma parte inseparable del rendimiento.

 

Ejemplo en contexto formativo: mismo gesto técnico, distinta carga informacional

Pensemos en una tarea de tiro tras pase. Si el jugador recibe siempre en el mismo lugar, sin defensor y con una trayectoria predeterminada, la carga física puede ser baja y la carga decisional muy reducida. El jugador sabe qué va a ocurrir, cuándo va a recibir y qué acción debe ejecutar. En cambio, si la misma situación se transforma en una tarea donde el jugador debe decidir si tirar, penetrar o pasar en función de la respuesta defensiva, la carga informacional aumenta de forma significativa.

En ambos casos puede aparecer el mismo gesto técnico —el tiro—, pero el significado de la acción es diferente. En el primer caso, el jugador repite una ejecución; en el segundo, aprende a seleccionar una respuesta ajustada a la información del juego.

La investigación sobre fatiga y toma de decisiones ha demostrado que el deterioro fisiológico afecta directamente a la calidad perceptiva y anticipatoria (Stojanović et al., 2020). Esto implica que una sesión con elevada carga externa puede no ser eficiente si compromete la calidad decisional antes de consolidar patrones funcionales.

Además, desde la teoría de sistemas dinámicos, el estado del sistema influye en su capacidad adaptativa. Un sistema excesivamente fatigado tiende a reducir su variabilidad funcional y a recurrir a soluciones rígidas. Por tanto, la eficiencia debe analizarse en términos de equilibrio entre exigencia y estabilidad dinámica.

La carga, entendida como fenómeno emergente, integra dimensiones físicas, cognitivas y organizativas. Su análisis requiere observar cómo estas interactúan dentro del entorno diseñado.

 

  1. EVALUAR EL COMPORTAMIENTO TÁCTICO-TÉCNICO EN CONTEXTO

Si la carga emerge del diseño y afecta al comportamiento, la evaluación debe centrarse en lo que realmente interesa: el tipo de decisiones que están emergiendo y su adecuación al contexto.

La evolución metodológica en deportes de invasión condujo al desarrollo de instrumentos de evaluación contextualizada como el Game Performance Assessment Instrument (Oslin, Mitchell & Griffin, 1998) y sus adaptaciones específicas en baloncesto, como el BALPAI. Estos instrumentos parten de una premisa fundamental: el rendimiento no puede evaluarse fuera del contexto donde se produce.

El GPAI es una herramienta de observación que permite valorar la actuación del jugador durante el juego, atendiendo no solo a la ejecución técnica, sino también a la toma de decisiones, el apoyo a los compañeros, la implicación en la acción y la adecuación de la respuesta al problema táctico planteado. Su valor reside en que desplaza la evaluación desde la acción aislada hacia el comportamiento funcional dentro del juego.

En esta misma línea, el BALPAI adapta esta lógica al baloncesto y permite analizar de forma integrada la toma de decisiones, la ejecución técnica y la eficacia de las acciones. Este instrumento contempla acciones ofensivas y defensivas propias del juego, como botar, tirar, pasar, recibir, ocupar espacios libres sin balón, rebotear, defender al jugador con balón, defender sin balón o realizar ayudas defensivas. Cada acción se interpreta en función de su adecuación al contexto, no solo por su resultado final. Por ejemplo, un pase no se valora únicamente porque llegue al compañero, sino por si era la decisión adecuada, si se realizó en el momento oportuno y si contribuyó a mejorar la situación colectiva.

A diferencia de pruebas aisladas, estas herramientas permiten analizar la adecuación de la decisión, la sincronización colectiva y la eficacia de la ejecución dentro del sistema de juego.

 

Ejemplo en contexto formativo: evaluar la decisión, no solo la ejecución

Por ejemplo, en una situación de 3c3, un jugador recibe en el lateral y realiza un pase seguro hacia un compañero situado fuera de la presión defensiva. Desde una evaluación centrada solo en la ejecución, la acción podría considerarse correcta porque el pase llega a su destino. Sin embargo, desde una lógica próxima al GPAI o al BALPAI, habría que analizar algo más: si ese pase era la mejor decisión disponible, si permitía progresar hacia el aro, si mantenía o mejoraba la ventaja, si conectaba con el movimiento de los compañeros y si respondía adecuadamente a la posición de la defensa.

De este modo, el foco de la evaluación no está únicamente en si la acción “sale bien”, sino en si tiene sentido dentro del juego.

No obstante, más allá de instrumentos concretos, lo esencial es el cambio conceptual. Evaluar la eficiencia implica observar si la organización de la sesión favoreció comportamientos coherentes con el objetivo planteado. No basta con que el jugador ejecute correctamente; debe hacerlo en condiciones representativas y bajo niveles de incertidumbre adecuados.

 

Ejemplo en contexto formativo: evaluar más allá de la ejecución

Imaginemos una sesión en categoría minibasket cuyo objetivo es mejorar la ocupación de espacios tras pase, con la posibilidad de corte hacia canasta.

Durante la sesión, se observa que los jugadores ejecutan correctamente el gesto técnico del pase y el desplazamiento posterior. Sin embargo, en las situaciones reducidas con oposición real, los cortes no generan ventaja efectiva: se producen de forma predecible, sin lectura de la posición del defensor ni sincronización con el balón.

Desde una evaluación tradicional centrada en la ejecución aislada, podría concluirse que el contenido ha sido asimilado, ya que el gesto técnico aparece correctamente realizado.

No obstante, desde una evaluación contextualizada, el análisis es diferente. La pregunta clave no es si el pase y el corte se ejecutan, sino si emergen como solución funcional dentro del sistema de juego. Si la ocupación de espacios no mejora la generación de ventajas ni la coordinación colectiva, la eficiencia de la sesión debe ponerse en cuestión.

 

Ejemplo en contexto formativo: el resultado final no siempre explica la calidad de la acción

Otro caso habitual aparece en tareas de finalización. Un jugador penetra, supera a su defensor y falla la bandeja. Desde una lectura centrada exclusivamente en el resultado, la acción podría considerarse negativa. Sin embargo, desde una evaluación contextualizada, el análisis puede ser diferente: el jugador reconoció correctamente el espacio libre, atacó el intervalo adecuado, generó una ventaja y tomó una decisión coherente. El fallo en la finalización no invalida necesariamente la calidad táctica de la acción.

También puede ocurrir lo contrario: un jugador anota un tiro exterior, pero lo hace sin ventaja, con un compañero liberado cerca del aro y en un momento en el que la defensa estaba desajustada. El resultado fue positivo, pero la decisión puede no haber sido la más adecuada. Por eso, evaluar la eficiencia de una sesión exige interpretar la relación entre decisión, ejecución y eficacia, no solo el desenlace observable de la acción.

Este ejemplo muestra que evaluar la eficiencia no consiste en comprobar la presencia de un contenido táctico-técnico, sino en interpretar si el comportamiento emergente es coherente con el objetivo planteado y con el nivel de incertidumbre del entorno diseñado.

 

  1. COHERENCIA SISTÉMICA COMO CRITERIO DE EFICIENCIA

Integrando lo desarrollado en los artículos anteriores, la eficiencia de una sesión puede analizarse desde tres ejes interrelacionados:

  • Coherencia entre objetivo táctico-técnico y diseño del entorno.
  • Regulación progresiva de la incertidumbre a lo largo de la sesión.
  • Alineación entre carga emergente y calidad decisional.

Cuando estos tres elementos convergen, el sistema evoluciona de manera adaptativa. Cuando se desalinean, la sesión puede resultar intensa, variada o incluso atractiva, pero no necesariamente eficiente.

Ejemplo en contexto formativo: una progresión coherente para trabajar las ayudas defensivas

Imaginemos que el objetivo de una sesión es mejorar la defensa de ayudas ante penetración. Si el diseño de las tareas se basa principalmente en ejercicios analíticos de desplazamiento defensivo sin balón, la carga física puede ser adecuada, pero la incertidumbre y la lectura del juego serán bajas. Si posteriormente se pasa directamente a un 5c5 libre, la complejidad puede ser demasiado alta y los jugadores pueden no identificar con claridad cuándo, desde dónde y hasta dónde ayudar.

Una secuencia más coherente podría comenzar con situaciones de 2c2 o 3c3 donde la ayuda defensiva aparezca de forma clara, continuar con tareas en las que se incorporen rotaciones y recuperación, y finalizar con una situación más global donde el comportamiento defensivo se observe dentro del juego real. En este caso, la progresión regula la incertidumbre, la carga emergente se ajusta al objetivo y la evaluación puede centrarse en comportamientos concretos: orientación corporal, distancia de ayuda, momento de intervención, comunicación y recuperación posterior.

Desde la perspectiva de sistemas complejos, la coherencia interna del diseño es el verdadero indicador de calidad. La sesión debe leerse como una trayectoria dinámica donde cada bloque modifica el estado del sistema y condiciona el siguiente.

La evaluación, por tanto, no puede reducirse a un control final. Es un proceso continuo de interpretación del comportamiento emergente.

 

  1. DESARROLLO PROFESIONAL Y LECTURA EXPERTA DE LA SESIÓN

La literatura sobre desarrollo profesional del entrenador (Cushion et al., 2019; Lindsay & Spittle, 2024) destaca que los entrenadores expertos se caracterizan por su capacidad de justificar decisiones y ajustar el diseño en función de la respuesta observada.

Desde esta óptica, evaluar la eficiencia no es un ejercicio administrativo, sino un proceso reflexivo que conecta evidencia científica y práctica cotidiana.

La sesión se convierte en un laboratorio donde se contrastan hipótesis de diseño con comportamientos reales. La carga emergente, la estabilidad colectiva y la calidad decisional se interpretan como indicadores de la coherencia del sistema.

Este enfoque eleva el análisis de la sesión a un nivel profesional, alejándolo de modelos basados exclusivamente en volumen o intensidad.

 

Ejemplo de síntesis aplicada:

Por eso, dos sesiones pueden tener la misma duración, el mismo número de tareas y una intensidad física similar, pero generar aprendizajes muy distintos. La diferencia no está solo en cuánto se entrena, sino en qué problemas se proponen, qué decisiones emergen y cómo se interpreta el comportamiento del jugador dentro del sistema.

 

  1. CONCLUSIONES

Conclusión: eficiencia como integración dinámica

Si el primer artículo abordó la regulación de la incertidumbre y el segundo la arquitectura interna de la sesión, este tercero cierra el ciclo integrando diseño, carga y evaluación.

La eficiencia real de una sesión de entrenamiento en baloncesto no puede medirse únicamente por su intensidad ni por la cantidad de tareas realizadas. Surge de la coherencia entre intención pedagógica, regulación de la entropía, secuenciación progresiva y calidad del comportamiento táctico-técnico observado.

La carga no es un objetivo en sí misma, sino una consecuencia del diseño. La evaluación no es un trámite final, sino un proceso de interpretación del sistema.

Comprender esta lógica transforma la forma de analizar el entrenamiento y sitúa al entrenador en un rol de arquitecto y analista del sistema, capaz de diseñar, observar y reajustar con fundamento científico.

La sesión eficiente no es la que más se entrena, sino la que mejor integra incertidumbre, progresión y coherencia dinámica.

 

  1. BIBLIOGRAFÍA
  • Bompa, T., & Buzzichelli, C. (2019).
  • Cushion, C., et al. (2019). Coach learning and development.
  • Fox, J., et al. (2024). Training task analysis in professional basketball.
  • Gómez-Carmona, C., et al. (2025). Monitoring load and task design in basketball.
  • Impellizzeri, F., et al. (2019). Training load concepts.
  • Lindsay, P., & Spittle, M. (2024). The adaptive coach.
  • Matveev, L. (1981). Fundamentals of Sports Training.
  • Oslin, J., Mitchell, S., & Griffin, L. (1998).
  • Stojanović, E., et al. (2020). Physiological demands in basketball. Sports Medicine.

 

Guillermo Novella (entrenador Nivel 2, Graduado en Magisterio con especialidad en Educación Física y coordinador del área de formación de la Fundación Real Madrid)

ENTRENAR MÁS NO ES ENTRENAR MEJOR. DISEÑAR, OBSERVAR Y EVALUAR LA SESIÓN. GUILLERMO NOVELLA

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