La vida después de…

Hace unas semanas, Carles Biviá compartió en #fbcvBlog cuáles fueron sus inicios y su experiencia en el baloncesto profesional. Y ahora, una de las grandes jugadoras que ha dado el baloncesto femenino español nos hablará del momento “después”, de cuando llega la retirada tras haber consagrado tu vida al deporte profesional. Marina Ferragut ha sido 253 veces internacional con la Selección Española, con la que logró la primera medalla de Oro para España en un Europeo. Además, ha disputado dos Juegos Olímpicos, jugó en la WNBA y en su inagotable palmarés no faltan numerosos títulos de Liga y Copa. Actualmente, como entrenadora de formación, Marina colabora con la FBCV en el Programa de Tecnificación.

 

Supongo que hay muchas formas de vivir una retirada del deporte, tantas como tipos de deportistas. Si has sido famoso quizás sea más fácil, si tienes contactos también, pero si nada de esto sucede quizás haya una única manera de suavizar la retirada: preparase para ella.

El deportista debería ser consciente de que su condición de jugador no es para siempre y que la transición y la planificación de la retirada forma parte de su vida también. Plantearse y planear con tiempo qué quieres hacer en un futuro y organizar todos los medios para el “después” es crucial.

Estudiar, formarse, llenar la mochila de contactos es algo que a la larga facilita la reinserción hacia un mundo desconocido en el que probablemente el anonimato te abrume. Aceptar que muchas de las personas que han estado a tu lado ya no estarán o que no volverás a muchos de los lugares en los que has pasado tanto tiempo de tu vida quizás sea una de las situaciones más difíciles de asumir. Es por tanto este cambio social para lo que verdaderamente hay que prepararse.

En mi caso y desde la posición de deportista de alto nivel y profesional durante más de 25 años, la transición y el comenzar a pensar en mi retirada empezó a fraguarse muchos años antes, estudié Publicidad y un Máster en Administración y Gestión de empresas deportivas. Sin embargo, el día de mi último partido en Valencia hace ya cuatro años lo viví casi como un salto al vacío, como cuando estamos al borde de una piscina de agua helada, y nos aferramos a la escalera para bajar poco a poco hasta que al final nos soltamos y nos dejamos caer.

La cancha de  baloncesto fue mi espacio casi desde que nací, en la que me movía como pez en el agua. Estar en ella era una inyección de confianza continua. En un deporte de equipo en el que disfrutas tanto de tus compañeras y en el que las sensaciones son tan intensas, entender que no vas a volver a vivir esas situaciones del mismo modo, asusta. El baloncesto se convierte en una pasión que obsesiona tanto que olvidas que quizás un día se acabe, es más, no quieres ni oírlo.  Porque entender que cuando se acabe vivirás bajo una nueva condición inquieta. Una condición aparentemente diferente pero que en su interior guarda la esencia de lo que te ha ido proporcionando el deporte y que te hace competente para afrontar las situaciones en tu nueva vida.

Bajo mi nueva condición de anónima, me dirigí a un Ayuntamiento para solicitar una de las plazas vacantes para monitora de baloncesto de niños. Sin puntos oficiales que acreditaran mi experiencia laboral, volví a casa con mi primera derrota tras la retirada. NO era apta para el puesto.

Sobreponerse y aprender de las derrotas había formado parte de mi día a día y recordar la máxima de que un ganador no deja de serlo aún cuando pierde hicieron que poco a poco fuera aceptando y sobre todo valorando el cambio.

Perseguir tus sueños y trabajar duro para conseguirlos también forman parte de la esencia del deportista, así que decidí reinventarme y en la actualidad estoy acabando el grado de maestra de Infantil, nada que a priori tiene que ver con lo que he sido hasta ahora. Sin embargo, el baloncesto, en su vertiente educativa, es lo que más me llena, entrenando a los más pequeños siento haber unido dos de mis pasiones. El sueño que hoy estoy llevando a cabo mantiene vivo lo mejor que me ha dado el baloncesto y cada día intento trasmitírselo a los más pequeños.

Así que mi vida sigue ligada al baloncesto por los cuatro costados. Por lo que me dio, por lo que me da y por lo que me dará porque lo más increíble es tener la sensación de estar aprendiendo constantemente, como cuando hasta el último partido de mi carrera un entrenador me enseñó cómo ganar la posición contra la zona en el poste alto.

 

Marina Ferragut (ex-jugadora profesional de baloncesto y entrenadora de formación)

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