Baloncesto y diversidad funcional. Hacia una práctica del baloncesto inclusivo

El proceso educativo debe tener como prioridad atender a los individuos y a los grupos que lo forman. Por ello, atender a sus individualidades y necesidades para el rendimiento y el aprendizaje es capital para adaptarnos a su contexto.

La diversidad funcional es un aspecto que cada día está más presente en nuestra sociedad y como no, en nuestro deporte. Apostar por la inclusión de personas con diversidad funcional en nuestras prácticas ya no es un tópico, sino una oportunidad para ofrecer un aprendizaje mucho más significativo, más profundo y más igualitario.

David Soler nos presenta un artículo de reflexión, una pequeña parte de concienciación de la importancia de incluir a jugadores con diversidad funcional en nuestras prácticas, a romper con ciertos clichés sociales y de la competición. Una oportunidad para el análisis, la concienciación y la apertura de miras hacia nuevos horizontes necesarios en nuestro deporte.

El poder de construir un deporte que rompa fronteras está en nuestras manos. Es nuestra responsabilidad profundizar en un conocimiento que cada día está más presente en nuestros equipos. ¡Que nuestra formación no nos impida ver el horizonte!

Desde la Federación de Baloncesto de la Comunitat Valenciana queremos agradecer a David está propuesta para acercar nuevas e interesantes iniciativas para continuar formándonos en un deporte cambiante, con nuevas metodologías emergentes y con oportunidades impensables para que el baloncesto sea cada día mejor.

 

1. BALONCESTO Y DIVERSIDAD FUNCIONAL

A medida que ha ido avanzando la sociedad el deporte ha evolucionado en muchos aspectos. En los últimos tiempos se le puede considerar como una ventana al mundo a través de la cual poder ofrecer a la sociedad todo su potencial. En todos los sentidos. De esta manera el deporte se ha convertido en un fenómeno social, económico y hasta político, situación que nos da a entender que es el momento de aprovechar su auge en beneficio de todos y para todos. Gracias a su gran poder de difusión, puede y debe ser un elemento muy importante de integración y normalización social para las personas que presentan capacidades diferentes tanto físicas, como psíquicas o sensoriales.

Poder hablar de conceptos como adaptación, integración, capacidades diferentes o inclusión, y relacionarlos en el mundo de las personas con algún tipo de discapacidad y a la par en el mundo del deporte obliga a realizar una conceptualización respecto a la evolución de la terminología a la que se han visto sujetas este colectivo de personas.

El concepto de discapacidad ha ido evolucionando en el tiempo. Nos encontramos en un momento histórico en el que la justicia social tiende a considerar a toda la población bajo un mismo parámetro. Es evidente que la forma de referirse a las personas que muestran algún tipo de discapacidad ha ido cambiando hasta llegar a los tiempos actuales. Por este motivo, es importante tener muy presente la forma en que nos referimos a este colectivo y por tanto la forma de entender la discapacidad varía según el momento histórico, la cultura, el modelo político imperante en cada momento. La visión de las personas con discapacidad como sujetos no dignos de educación (modelo tradicional), evolucionó posteriormente hacia la consideración de la persona con discapacidad como sujetos pasivos, donde la atención recae sobre la propia deficiencia y las limitaciones que produce, (modelo rehabilitador). Como respuesta a esta situación surge la necesidad de traducir el déficit en necesidad y de centrar la actuación en el entorno de la persona (modelo en que se potencia la autonomía personal). Pero su evolución conceptual ha ido avanzando si cabe hacia una perspectiva más justa. De ahí la importancia de referirse a cualquier persona desde un vocabulario justo. A partir de esta idea, el deporte en general y el baloncesto en particular han de ser un referente del tratamiento adecuado de las personas en este sentido.

El concepto de discapacidad, a lo largo de la historia ha tenido diferentes formas de entenderse, lo cual ha dado lugar a un caos terminológico. Deficiente, subnormal, enfermo/a, minusválido/a, discapacitado/a… son adjetivos con los que se ha hecho referencia al colectivo de personas con discapacidad y que en la actualidad busca una definición justa para todas las personas sin que tengan esa connotación negativa.

El concepto de diversidad funcional es un término que se utiliza de forma reciente y que sustituye términos anteriormente comentados que podían tener un significado ofensivo y discriminatorio.

El término utilizado para referirse a las personas con diversidad funcional ha ido cambiando y evolucionando con el tiempo. Incluso su evolución histórica provoca cierto rechazo a la hora de definir los diferentes términos que se han identificado con este colectivo de la sociedad. De hecho, según Rodríguez y Couto, (2013) la diversidad funcional comprende gran variedad de deficiencias funcionales y corporales, que se combinan entre sí y hacen imposible definir un “tipo específico” de persona con discapacidad.

Por tanto, podemos atrevernos a afirmar que una persona no es discapacitada, sino que tiene alguna deficiencia física, mental, intelectual o sensorial. Y en función de ellas tendrá la capacidad de poder realizar ciertas actividades o habilidades.

Así pues, como conclusión a esta evolución conceptual citaremos una frase que clarifica esta idea que intentamos transmitir y que pretende ser más razonable a la hora de referirnos al colectivo en cuestión, “cualquier persona conoceremos la discapacidad en algún momento de nuestra vida porque en la capacidad existe también la vertiente de su pérdida que es la discapacidad” (Castillo-Arenal, 2009).

Se ha de luchar para que el colectivo de personas con diversidad funcional sea considerado como un conjunto de individuos cuya diversidad se aprecie como un valor, y encontrar su sitio en este mundo (Romañac, J. y Lobato, M., 2005). Por tanto, aceptamos el concepto de mujeres y hombres con diversidad funcional, ya que entendemos que es la primera denominación de la historia en la que no se da un carácter negativo ni médico a la visión de una realidad humana, y se pone énfasis en su diferencia o diversidad, valores que enriquecen al mundo en que vivimos (Romañac, J. y Lobato, M., 2005).

Y en la actualidad el deporte, y por supuesto el baloncesto, poseen un gran potencial para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad y proporcionar un acceso más igualitario a la participación en el deporte y la actividad física (Doll-Tepper, G, 2008), con lo cual se contribuirá a convertir esta sociedad en un espacio de convivencia a través del deporte más justo.

Imagen 1. Jugador con diversidad funcional cognitiva

Durante las últimas décadas, han tenido lugar numerosos cambios relacionados con la igualdad y la participación de las personas con discapacidad en el deporte y la actividad física. Esta área ha ido creciendo de forma constante en todos los continentes, aunque a ritmos diferentes. Actualmente, existen diversas iniciativas dirigidas a mejorar las oportunidades de las personas con discapacidad en todos los ámbitos del deporte y la actividad física. En el ámbito internacional, se han dado pasos muy significativos con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad en todas las áreas de la sociedad y, lo que es más importante, dichos pasos identifican el deporte (concretado en nuestro caso con el baloncesto), como un derecho humano esencial.

Imagen 2. Jugadores en un partido de Silla de ruedas (diversidad funcional física)

Siguiendo en esta tendencia de entender la práctica deportiva nos encontramos con el deporte inclusivo el cual, en los últimos años, está cobrando una especial importancia. Proveniente del ámbito educativo, como alternativa a modelos basados en la atención al alumnado con necesidades educativas especiales de forma diferenciada. La inclusión supone un gran esfuerzo, ya que debe permitir atender a todas las personas que participen en la actividad deportiva (Reina, R. 2010). Siguiendo esta línea de actuación y de entender la práctica deportiva nos encontramos con un vertiginoso crecimiento del deporte inclusivo con lo cual es necesario hacer hincapié en esta nueva forma más justa de ver la práctica deportiva, para la cual el baloncesto pretende ser un referente.

Son muchas las acepciones y matices que adopta la inclusión en actividades físicas y deportes adaptados, pero podríamos considerar la inclusión como aquel proceso en el que personas con “discapacidad” comparten mismo espacio, materiales y actividades que sus compañeros (Rouse, 2009).

Imagen 3. Partido de baloncesto entre jugadores con y sin diversidad funcional en Genovés (Valencia)

De esta manera, entendemos el deporte inclusivo como aquella actividad física y deporte que permite la práctica conjunta de personas con y sin discapacidad ajustándose a las posibilidades de los practicantes y manteniendo el objetivo de la especialidad deportiva que se trate. Supone un ajuste o adaptación en las reglas y el material utilizado con el fin fomentar la participación activa y efectiva de todos los participantes. Más allá, el deporte inclusivo es una actitud hacia la práctica deportiva a todos los niveles y gracias a la investigación aplicada sabemos de sus beneficios a nivel de sensibilización, conocimiento y respeto a la diferencia, así como de fomento de hábitos de vida saludables a través de estilos de vida activos.

Ya anteriormente nos hemos referido al baloncesto como uno de los primeros exponentes en entender esta nueva forma de practicar deporte. Iniciativas en las que el baloncesto es el generador de un deporte inclusivo es posible. Si nos atenemos a iniciativas recientes como la de la Fundación del Real Madrid en el Campus de Baloncesto Inclusivo, el trabajo de diferentes entidades aceptando las diferencias entre los jugadores de baloncesto como parte que enriquece su propio club o la generación de iniciativas de actividades inclusivas donde el baloncesto es el vehículo a través del cual se lleva a cabo esta forma de practicar deporte, podemos entender que la práctica de nuestro deporte es posible para todos los deportistas que opten por el deporte de la canasta. Una de las claves para facilitar la concienciación de la situación de las personas con discapacidad en el ámbito deportivo, es promover actividades en las que las personas sin discapacidad experimenten y aprendan sobre la discapacidad. La experiencia de los chicos con discapacidad en escuelas deportivas inclusivas puede ser positivas si sus compañeros los aceptan.

En conclusiones de experiencias como las planteadas anteriormente consideramos el baloncesto como una buena herramienta, como un buen contexto para una práctica normalizadora e inclusiva, ya que por sus características se trata de un deporte con un gran potencial de inclusión y formación. Al mismo tiempo aparecen una serie de planteamientos sobre la actitud de aquellos chicos y chicas sin discapacidad, con el fin último de facilitar la integración social de aquellas personas con algún tipo de discapacidad a través del deporte. Pérez-Tejero, Ocete, Ortega-Vila y Coteron (2012) después de trabajar de manera inclusiva a través de nuestro deporte afirman que “el hecho de jugar al Baloncesto sirve de contexto para una práctica normalizadora por el simple hecho de contar con la participación de jugadores con y sin discapacidad. Además, el acceso a este tipo de práctica deportiva se convierte en una herramienta normalizadora y de inclusión social de primer orden”.

Nos encontramos pues en una posición de afirmar que la inclusión a través del baloncesto es posible.  Si además añadimos el conocimiento que supone publicaciones que van en este sentido y abrimos la ventana de redes sociales y conocimientos que se generan, extraemos experiencias que favorecen aún más este planeamiento. Casos como el de Kalin Bennett en la NCAA, en el que su autismo ha sido inconveniente para practicar su deporte, el de Martin Serena, jugador que participa en las competiciones de la FBCV a pesar de su Parálisis Cerebral, de Asier de la Iglesia que debutó en ACB a pesar de estar diagnosticado de Esclerosis Múltiple, pueden ser más mediáticos, pero ayudan para dar a entender a la sociedad que es posible la práctica del baloncesto desde un punto de vista inclusivo. Es un buen momento para que clubs y entidades dedicadas a la gestión y promoción del deporte de la canasta se planteen el dar un paso adelante en pro de conseguir un deporte más justo aun si cabe.

Imagen 4. Partido con jugadores con diversidad funcional en Genovés (Valencia)

Es cierto que el camino a recorrer ya tiene sus primeros pasos dados. Un punto de inflexión en nuestro baloncesto más cercano lo podemos considerar con iniciativas como el clínic “Diversidad Funcional en Baloncesto”, donde aspectos técnicos o tácticos no son el objetivo principal, sino más bien otros donde prima el dar a conocer otra forma de practicar baloncesto. Además, el hecho de que se permita jugar a ciertos jugadores atendiendo a sus capacidades físicas y no biológicas, el hecho de que ciertos clubs contemplen la práctica de actividades inclusivas en sus programaciones de entrenamiento a lo largo de la temporada nos hace pensar que algo está cambiando y que esta inercia se debe de potenciar por el futuro del baloncesto y por supuesto de nuestra sociedad.

 

2. BIBLIOGRAFÍA

Azumendi, L. (2012). Un brazo para la historia. Cuadernos de básket, 11, 171-180

Castillo-Arenal, T, (2009). Déjame intentarlo: la discapacidad: hacia una visión creativa de las limitaciones humanas. España: CEAC

Doll-Tepper, G. (2008). La actividad física y el deporte como factor clave en la calidad de vida de las personas con discapacidad: tendencias internacionales actuales y futuras. En Perez-Tejero, J (coord.) Discapacidad, calidad de vida y actividad físico-deportiva: la situación actual mirando hacia el futuro. Dirección General de Promoción Deportiva. Consejería de Deportes.Comunidad de Madrid.

Pérez-Tejero, J., y otros. (2012). El Centro de Estudios sobre Deporte Inclusivo (CEDI): investigación aplicada, formación y promoción deportiva para personas con discapacidad en acción. En Revista Andaluza de Documentación sobre el Deporte, 4. ISSN: 2174-1212

Reina R. (2009). El deporte como medio de inclusión de las personas con discapacidad. En J.A. Moreno y D. González-Cutre (eds.), Deporte, intervención y transformación social (pp. 367-407). Rio de Janeiro: Shape Editora

Reina, R. (2010). La actividad física y deporte adaptado ante el Espacio Europeo de Enseñanza Superior. Sevilla: Wanceulen

Romañac, L. y Lobato, M. (2005) Diversidad funcional, nuevo término para la lucha por la dignidad en la diversidad del ser humano. En Jornadas Foro de Vida Independiente.

Rouse, P. (2009). Inclusion in physical education. Champaign, IL: Human Kinetics

Tierra, J. (2001). Educación Física y alumnos con necesidades educativas especiales. XXI: Revista de Educación. 3, 137-147.

 

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David Soler (entrenador de categorías de formación en el CB Genovés y en el Programa de Tecnificación de la FBCV. Educador en diversidad funcional cognitiva)

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