Mis inicios y experiencia como jugador profesional

Si alguien encarna los valores del esfuerzo, el trabajo y la capacidad de superación ese es Carles Biviá. Formado en la cantera del C.B. Alginet, Carles Biviá llegó con 27 años a la ACB. Es una edad tardía, lo que da muestras del carácter luchador de este base que nunca renunció a su sueño, aunque para lograrlo tuvo que hacer muchos sacrificios. Tras haber vivido su mejor momento y mientras emprende una nueva etapa en Venezuela, Carles nos cuenta su trayectoria y ofrece consejos a los jóvenes talentos del baloncesto.

Empecé a jugar a baloncesto porque mi padre estaba implicado en el club de mi pueblo, el C.B. Alginet, y se puede decir que me contagió ese gusto por este deporte tan bonito. Mi padre era entrenador de formación y a los 6 años me puso a entrenar con el equipo que él dirigía. Ahí empieza mi vivencia en este deporte.

Estuve desde los 6 a los 17 años en el C.B. Alginet, jugando y doblando partidos con los compañeros y amigos de mi edad y con los más mayores. En ese tiempo fue donde aprendí que aparte de hacer amigos, podía disfrutar mejorando como jugador. Pero no fue solo eso, en esa edad participé en los Campeonatos de España con la Selección de la Comunidad Valenciana, en Alevín, Infantil y Cadete. Experiencias que estimulaban mucho a un niño como yo, poder ponerte a prueba contra jugadores de toda España y, de nuevo, conocer y hacer más amigos. Todo ello la verdad es que suponía un gran esfuerzo porque mientras los compañeros de clase quedaban para salir los fines de semana, yo tenía dos e incluso tres partidos para jugar, algo que no me importaba porque era lo que más me gustaba, aunque luego tenía que dedicarle las pocas horas que me quedaban libres a seguir formándome en la escuela.

A los 17 años fiché por el Pamesa Valencia. Fue un paso muy grande porque tuve que dejar atrás a mi familia y amigos para irme a vivir a Valencia y así poder estudiar y jugar allí. Ese año pude terminar el Bachillerato y aprobar la Selectividad. Lo recuerdo como un año muy duro, ya que ese curso exigía bastante dedicación y más aún si lo juntaba con las horas de entrenamiento.

Tras estar un año en Castellón, volví a Valencia con 20 años para jugar en el segundo equipo y entrenar con la primera plantilla. Ese año fue un poco más difícil sobre todo al final porque me di cuenta de que el Club no contaba conmigo para darme la oportunidad de seguir avanzando, así que al terminar la temporada decidí matricularme en CAFE (INEF) para dedicarme a los estudios principalmente, pero antes de empezar  la liga tuve una oferta del Cibo Llíria en LEB Plata y decidí tratar de compaginarlo. El año fue muy bien tanto en lo deportivo como en los estudios, pese a que al entrenar mañana y tarde tenía que hacer malabares para poder asistir a clase.

El salto a LEB Oro lo doy a los 22 años con Fundación Bàsquet Inca, en Mallorca. Allí no había Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, así que me vi obligado a aparcar nuevamente los estudios. La decisión de ir a Mallorca era difícil porque un año atrás había perdido toda esperanza de seguir con el baloncesto profesional, y esta era una posibilidad que me volvía, así que decidí cogerla. También era otro paso más para estar aún más lejos de la familia y amigos. En Mallorca pasé cinco años. Fui creciendo como jugador y madurando como base o director de juego. Cogiendo confianza, que para mí es una de las mejores armas que puede dar un entrenador a un jugador, conseguí hacerme un hueco en la liga y que el C.B. Canarias me fichara el verano que consiguió subir a ACB.

Firmé con 27 años. Era una buena oportunidad para “por fin” poder debutar en la ACB. La verdad que me llegó tarde pero yo me considero un jugador que nunca ha parado de aprender, siempre tengo la sensación que tengo algo que mejorar en mi juego y esa mentalidad me ha mantenido siempre preparado para lo bueno y lo malo. Jugué las siguientes dos temporadas en el equipo tinerfeño, y fui cogiendo confianza y adaptándome a esta nueva categoría. El primer año fue duro, la adaptación al nivel físico fue difícil, pero no hay nada que con trabajo y esfuerzo no se pueda hacer. Al terminar la segunda temporada, se acabó mi contrato con ellos, así que tuve que buscar otro equipo, y fue este verano pasado cuando firmé por Manresa temporalmente por dos meses y después con Andorra para cubrir la lesión de uno de sus bases. Al terminar contrato y volver Víctor Sada de la lesión, regresé a Alginet, a mi casa, a la espera de que salga otra ocasión de poder seguir demostrando que me encuentro con muchas ganas de continuar jugando. La verdad es que está siendo un año difícil, pero como se dice: “lo que no te mata te hace más fuerte”, así que estoy aprovechando, además de entrenar y seguir en forma, para iniciar estudios en una universidad a distancia, ya que es la única manera que tengo de poder estudiar y formarme con el poco tiempo y dedicación que exige el deporte profesional.

Después de todos estos años que he podido vivir jugando al baloncesto profesionalmente, echo la vista atrás y pienso en aquello que podía haber hecho mejor o en qué cosas me he equivocado. Pues bien, yo soy de pensar siempre en positivo y no arrepentirme de nada de lo que hice porque sé que en su momento he dado lo que podía, ya que no solo es jugar a baloncesto y ya está. Cualquier deporte a nivel profesional conlleva un gran sacrificio… tanto a nivel de esfuerzo físico, como dureza mental para poder superar las dificultades que se presentan y nos presentan los contrarios, mientras nos seguimos formando a nivel académico (yo personalmente me arrepiento de no haber avanzado más en mis estudios, de no haber empezado antes una carrera a distancia que es de las únicas maneras que podemos hacerlo los deportistas profesionales). Y otro factor que tenemos que sacrificar es la familia y amigos, en mi caso, al cambiar de ciudad varias veces y por desgracia cada vez más lejos de casa. Pero luego está todo lo positivo. En mi caso, he podido vivir muchas experiencias fantásticas que hace que merezca la pena el sacrificio realizado. Si queréis que os dé un consejo a los jóvenes jugadores… este es… “Disfrutad, disfrutad de lo que hagáis porque será la única manera de poder y querer mejorar cada día más”, y otro si me permitís: “confianza, es una palabra muy importante, tenerla en vosotros mismos y buscar y rodearos de gente que la tenga en vosotros”.

¡Espero que os sirvan de algo mis experiencias!

 

Carles Biviá (jugador profesional de baloncesto)

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