El factor relativo

Como jugador@s y entrenador@s, seguro que no son pocas las ocasiones en las que tras solicitar una explicación sobre una jugada a un árbitro, éste nos responde con algo que consideramos poco reglamentario cuando éste argumenta su decisión con la ya famosa “es que no saca ventaja”.  Esta explicación momentánea no suele satisfacer a los participantes que creen que una acción que debe sancionarse queda sin sanción por algo tan relativo y subjetivo como la ventaja que se obtiene de ella. A partir de ahí nacen leyendas urbanas como “la ley de la ventaja” y corrientes de opinión de todo tipo que, desde el desconocimiento, toman posiciones extremas a favor del “yo prefiero que se pite todo a que dejen jugar” o bien, opiniones contrarias tales como “pues yo prefiero más que apliquen la ley de la ventaja y que no piten si no es por algo grave”.En realidad, los árbitros pitamos siempre todo (o lo intentamos al menos). Lo que pretendo con este artículo es acercar a todo el mundo (participantes y público en general) en qué basamos los árbitros nuestra toma de decisiones y el porqué de la existencia de factores relativos como la ventaja/desventaja que se obtiene de una acción “presuntamente ilegal”. Así pues, empecemos.

Ante cualquier acción, el orden lógico en nuestra toma de decisiones es el obvio. Primero sucede la acción. Luego la vemos (y esto conlleva un trabajo de MECÁNICA ARBITRAL  que también trataremos de acercar a todo el mundo en futuros artículos). Luego la valoramos. Y por último la sancionamos (o no). De todo este proceso, de lo que vamos hablar es del proceso de la valoración

El principal factor que valoramos los árbitros para nuestra toma de decisiones, también llamado FACTOR ABSOLUTO, es, y como no podía ser de otra manera, EL REGLAMENTO y sus INTERPRETACIONES OFICIALES. La teoría dice que cualquier acción que sucede en un partido de baloncesto puede ser juzgada en base a las reglas, no siendo necesario (en teoría) ningún otro factor relativo o subjetivo en el que los árbitros deban apoyarse para poder tomar sus decisiones.  El reglamento es lo que nos debe dar una línea clara que separa aquellas acciones legales de las que no lo son, teniendo como propósito el poder dividir todo lo que sucede en un partido en algo parecido a esto:

 

Acciones1

Puede valer como ejemplo de esto un jugador que mientras sostiene el balón pisa la línea de fuera. El reglamento establece que eso es violación de fuera y no tenemos que tomar en consideración si ha pisado mucho o ha pisado poco dicha línea. Es fuera y punto.

No obstante, aunque este sería el panorama más deseable para todos en el que se eliminaría cualquier subjetividad o consideración adicional al margen del propio reglamento, esto no es tan fácilmente aplicable a todas las acciones que suceden en un partido de baloncesto. De hecho, es del todo imposible como veremos a continuación.

Imaginemos como ejemplo, la cuenta de 3 segundos en zona. Las reglas establecen perfectamente cuando un jugador comete violación de 3 segundos en la zona. Así, si un jugador atacante permanece más de tres segundos consecutivos en la zona restringida de los adversarios mientras su equipo tenga el control de un balón vivo en su pista delantera y el reloj de partido esté en marcha, tendremos que, en consecuencia, sancionar la correspondiente violación (Art.26). Como vemos no es una situación susceptible de interpretaciones. La redacción de la regla es muy clara. Sin embargo, ¿Cómo saber con una precisión del 100% que ese jugador lleva más de 3 segundos en la zona? ¿Podemos estar seguros de que lleva 3.1 segundos y no 2.9? Y aún así, en el supuesto de que el árbitro sea buenísimo y sea capaz de llevar la cuenta mentalmente con una precisión de centésimas de segundo. ¿Es lo mismo que el jugador permanezca 3.01 segundos que 3.50 segundos que 5 segundos? ¿Es independiente de cualquier otra circunstancia? ¿Cuál debe ser la actuación de los árbitros?

A la vista de este ejemplo, debemos construir un nuevo gráfico un poco más complejo que el anterior que refleje tanto la incertidumbre en la apreciación que tenemos los árbitros como los distintos factores relativos que se deben valorar en la toma de decisiones. Podríamos ilustrarlo como algo así:

 

Acciones2

La zona azul es aquella en la que la acción que sucede es obviamente legal y el árbitro no debe sancionar nunca. La zona más roja es aquella en la que la acción que sucede es flagrantemente ilegal y en la que el árbitro debe sancionar siempre sin ninguna consideración adicional, ya que no hacerlo así conllevaría una pérdida inmediata del control del partido. Pero como hemos visto en el ejemplo anterior, desgraciadamente no todas las acciones permiten una decisión tan absoluta, y es que, podríamos decir que, también en esto del baloncesto no todo es blanco o negro (o azul o rojo según nuestro gráfico). Pasemos a comentarlo.

Como se puede observar, hay una zona que yo he llamado “incertidumbre arbitral”. Es una zona en la que los árbitros estamos limitados por nuestra capacidad de apreciación. Es un límite humano. Físico. Pensemos en el ejemplo anterior de la cuenta de 3 segundos. Nadie la puede medir mentalmente de forma exacta sin error. Solo aproximada. Tanto es así que, en las ligas profesionales, se utilizan medios técnicos (Instant Replay) para poder eliminar esa incertidumbre arbitral que se genera en algunas jugadas muy concretas (Art. 46). La actuación de los árbitros cuando se vean en esta circunstancia de no poder determinar con exactitud qué es lo que ha sucedido, tal y como comenté en anteriores artículos, deber ser NO SANCIONAR. NUNCA se debe PITAR POR SI ACASO.

Pero, y ahora viene el verdadero tema del artículo, hay otras circunstancias en las que, pese a tener claro que es lo que ha sucedido con bastante certeza, deben sopesarse unos FACTORES RELATIVOS. Seguramente algún lector ahora esté pensado “Pues lo que es, es, y no hay nada que sopesar”, pero vamos a desarrollar un poco la idea para convencer a todo el mundo de que esos factores son tremendamente necesarios para el desarrollo normal de un partido de baloncesto.

Lo primero que tiene saber el lector es que esos factores están regulados en el propio reglamento del baloncesto en su artículo 47. No es algo que nos inventemos los árbitros para justificarnos ante determinadas acciones, sino que es algo regulado por las propias reglas que está ahí para dar respuesta a un montón de situaciones que se dan en un partido de baloncesto.

Imaginemos una situación de juego de poste en la que un jugador pide un balón mientras es defendido por un rival.

postear

Veamos que dice nuestro FACTOR ABSOLUTO (Reglamento) para arbitrar estas situaciones:

Es falta que un atacante o defensor en la posición de poste empuje con el hombro o la cadera a su adversario para quitarle la posición o interfiera su libertad de movimiento mediante el uso de los brazos extendidos, hombros, caderas, piernas u otras partes del cuerpo” (Art 33.12)

Como vemos, a diferencia de lo que hemos comentado anteriormente, no se produce ninguna incertidumbre arbitral en estos casos. Estamos viendo que el contacto existe. No hay duda. Pero a nadie se le escapa que se hace necesario algún factor más para poder aplicar correctamente la regla, porque, ¿qué es empujar? ¿Está el jugador verde empujando al amarillo con la cadera? ¿Está el amarillo empujando al verde con el hombro? ¿El contacto que se ve en la fotografía entra dentro de la legalidad? Y si es así, ¿a partir de qué momento un contacto deja de ser legal y pasa a tener que ser sancionado como falta? ¿Tiene que ver con la intensidad del mismo? ¿Dejamos que cada árbitro decida subjetivamente en cada situación y según su criterio? La respuesta es no. A pesar de que obviamente siempre habrá algo de subjetividad, se trata de evitarla lo máximo posible y facilitar que todos los árbitros tomen las decisiones basándose en los mismos parámetros. Es por ello por lo que existen los FACTORES RELATIVOS del arbitraje, de entre los que yo destacaría:

 

– El factor ventaja/desventaja: los árbitros no sancionarán aquellas violaciones/contactos LEVES e INCIDENTALES que sean fruto normal del desarrollo de un partido y no otorguen  ninguna ventaja al infractor ni pongan en desventaja al rival. Su correcta aplicación modula las intervenciones de los árbitros para que solo sancionen en aquellas situaciones que influyan realmente en el juego.

 

– El nivel de los participantes: Todo el mundo es consciente de que hay un buen número de movimientos  tremendamente difíciles de ejecutar tal y como establecen las reglas. Pensemos por ejemplo en una simple entrada a canasta. Si nos ponemos a buscar al microscopio veremos como en muchas entradas a canasta el pie de batida está en contacto con el suelo cuando el jugador agarra el balón, cometiéndose por tanto violación de pasos. Pero al contrario de lo que muchos piensan, los árbitros no acudimos a los partidos para buscar faltas y violaciones al microscopio, sino para encauzar las acciones del partido de modo que este sea fluido y discurra deportivamente.

 

– La consistencia: Es un factor muy necesario para la aceptación de las decisiones que tomamos durante un partido. Y que no es más que situaciones iguales tengan sanciones iguales a lo largo de todo el partido. Si a ese jugador del equipo A que ha permanecido algo más de 3 segundos en la zona le sancionamos por considerar que estaba sacando ventaja (ocupaba un espacio, ponía un bloqueo, etc) es muy importante que si luego un jugador del equipo B hace lo mismo sea sancionado de la misma manera. Mucho más importante que establecer en qué situaciones vamos a sancionar determinado tipo de violación o falta personal es hacerlo de forma consistente. No es muy trascendente que a mí me piten o  no unos pasos “justitos” en un reverso, siempre que a mis rivales les apliquen la misma vara de medir.

 

– El criterio: este último factor es en el que la organización de la competición trata de establecer unas pautas claras que eviten la disparidad entre las decisiones que adoptan los distintos árbitros. Como ejemplo, podemos coger el artículo 37 sobre las faltas antideportivas, en el que leemos literalmente:

Una falta antideportiva es una falta de jugador que implica contacto y que, a juicio del arbitro:

  • no es un esfuerzo legítimo de jugar directamente el balón dentro del espíritu y la intención de las reglas.
  • es un contacto excesivo y violento del jugador en un esfuerzo por jugar el balón.
  • …”

 

Como vemos una vez más, la regla no establece de forma absoluta cuando una falta es antideportiva. No pone que un contacto en  la cabeza es antideportivo y en el brazo no lo es. Pone cosas subjetivas como “contacto excesivo” o “a juicio del árbitro”. ¿Significa esto que, en función de quien me pite, ciertas jugadas concretas se arbitraran de un modo o de otro?  Rotundamente no. FIBA aclara en sus interpretaciones, además de en su material audiovisual de cada temporada, cual debe ser la respuesta del árbitro para cada acción concreta. Del mismo modo, desde el CTA uno de los aspectos en los que se ha incidido en los clínics de inicio de temporada ha sido justamente el reforzar todos estos aspectos, no quedando en manos del árbitro el aplicarlo de una manera o de otra. Esto es lo que garantiza la homogeneidad arbitral y da profesionalidad al estamento y a la propia competición. Sin duda, esto plantea un reto en el ámbito FBCV. Es mucho más fácil conseguirlo en una liga profesional como la Liga Endesa, en la que pitan treinta y pocos árbitros y siempre partidos del mismo nivel, que en nuestras competiciones, en las que contamos con más de 350 árbitros que arbitran desde partidos de categoría alevín hasta partidos de primera división nacional. No obstante es un reto por el que se trabaja cada día y doy fe personal, tanto por las pequeñas colaboraciones como ésta que hoy me toca realizar a mí, como otras que realizan otros compañeros, como por la formación que como otro cualquier árbitro recibo de los técnicos FBCV.

En definitiva de lo que se trata siempre es de poner el arbitraje al servicio del baloncesto y no al revés. Los equipos no se juntan los fines de semana para que los árbitros podamos colmar nuestras ganas de escuchar nuestro silbato. No se trata de ir a los partidos con nuestro microscopio y utilizarlo para pitar en un montón de situaciones normales e irrelevantes en el juego, sino de mantener un equilibrio entre el control del partido y la fluidez del juego, sintiendo lo que los jugadores intentan desarrollar y sancionando solo cuando el juego lo requiera.

 

Juan Bertomeu (árbitro FBCV y profesor de los Cursos de Entrenador)

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